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"Falsos Pasos" de Alberto Moreno

Fecha: 20-09-2011

Alberto Moreno se lanza a leer el mundo para reconfigurarlo desde una operación de lectura/escritura. Se escribe lo leído y se lee lo escrito y en los espacios que quedan- si es que lo hay- otra vez comenzar a escribir y re-escribir.

 

Hay acuerdo en que toda buena poesía reflexiona intranquila sobre su tiempo. Buena, porque es atenta y desesperada. Reflexiva, porque en anamorfosis devuelve la imagen invertida de un tiempo y un modo de habitarlo. Intranquila, porque se sabe urgente y en lucha cuerpo a cuerpo con las palabras, para recuperar su potencia semántica y de agencia. 

Consciente de ese duelo con la existencia, Alberto Moreno se lanza a leer el mundo para reconfigurarlo desde una operación de lectura/escritura. Se escribe lo leído y se lee lo escrito y en los espacios que quedan- si es que lo hay- otra vez comenzar a escribir y re-escribir. Una maniobra infinita contra la obsecuencia de un Espíritu de Época que amenaza naturalizar la catástrofe y ecualizar la altisonancia del grito. Aquel que en esencia es también voz que reclama lugar, abriéndose paso y hasta en la contundencia de su silencio deja entrever los motivos de un canto. Canto de amor y de muerte, de ida y venida, publico e inconfesable. Esa voz se pone en juego en cada paso y hasta en cada silaba que delinean el poema. Un poema que se entiende como estructura y plataforma, como refugio y trayecto, hasta como contradisciplina.

En una reflexión sobre palabra y experiencia, la poesía de Alberto Moreno se abre paso silenciosa en el actual panorama chileno. Sus preguntas están relacionadas fundamentalmente a buscar las posibilidades que tienen ambas, en una ecología cultural signada justamente con el objetivo contrario; debilitarlas y hacerlas transparente. Así, -supuestamente- la voz quedaría suspendida sobre su propio vacío de sentido. 

Moreno es ante todo un poeta /lector, vale decir un autor que celebra sus referentes y dialoga íntimamente con las voces que le modelaron la voz, sin culpa. Su trabajo no moviliza demasiados aparatares, más bien aparece refractario en instantes a la seducción de artificios y ornamentos innecesarios. Despliega una economía del signo y habla desde imágenes acotadas. Pareciera querer construir una realidad que deambula en busca de un posible nombre, permanentemente. 

En esta entrevista hay deseo, sacar a la luz un trabajo que lejos de congraciarse consigo mismo moviliza el hambre. Un deseo de llenar de palabras una realidad en riesgo permanente de sucumbir.

Por Samuel Ibarra Covarrubias
Artista Visual