Patrimonio
Conventos Religiosos. Reciclaje de antiguos espacios patrimoniales
Fecha: 28-07-2010

Los claustros coloniales atesoran hoy la historia de las órdenes religiosas que habitaron estos oasis de paz y recogimiento espiritual en medio del ajetreo capitalino.
En el corazón de Santiago sobresalen un gran número de iglesias, algunas de la cuales pertenecieron a las congregaciones religiosas que llegaron a Chile durante la Colonia, y que han dado nombre a algunas calles céntricas: Merced, San Francisco, Santo Domingo, Compañía de Jesús, Agustinas, Teatinos. Estas órdenes velaron por la evangelización de los indígenas y por las necesidades espirituales y educacionales de los santiaguinos.
Junto a sus majestuosas iglesias erigieron conventos, distribuidos en varios claustros, conformados por las celdas y corredores que rodean los patios interiores. Estas construcciones, testimonios de la arquitectura colonial chilena, se han caracterizado por tener originalmente anchos muros de adobe, dos plantas y techos cubiertos de tejas.
RELIGIOSOS EN LA CIUDAD
Los conventos de las órdenes religiosas ocuparon grandes extensiones e influyeron en la conformación de los principales barrios de la ciudad. En su vínculo con la comunidad compartían el mantenimiento de las imágenes de culto junto con las cofradías, organizando las procesiones y fiestas de devoción popular, mucha de las cuales sobreviven hoy. Además, algunas de estas órdenes tenían una misión educadora por lo que fundaron colegios y universidades, influyendo tanto en la formación de la elite como en el fortalecimiento del mundo obrero a través de la enseñanza de oficios manuales.
Hacia el interior, los patios fueron utilizados para el cultivo de chacras y huertos; de los que hoy han sobrevivido árboles centenarios, testigos del desarrollo urbano, y pulmones verdes en medio de la ciudad.
Las congregaciones femeninas también fueron de muy importantes en la época. Era común contar con al menos una monja en la familia. Un ejemplo de ellas son las monjas Clarisas, ubicadas a los pies del cerro Santa Lucía. Su convento fue demolido y sobre él se construyó la Biblioteca Nacional.
RECICLAJE
La influencia de estas congregaciones se ha ido apagando en medio del desarrollo urbano. En muchos casos, se han establecido en lugares más apartados, pero el valor de estas construcciones patrimoniales ha llevado a darles nuevos usos. En las antiguas habitaciones de los franciscanos y mercedarios, se hayan expuestas hoy ricas colecciones de arte colonial que pertenecen a las órdenes pero se hacen accesibles al público general a través del Museo de San Francisco y el Museo La Merced. El antiguo convento de los dominicos se constituye hoy como Centro Cultural Recoleta Dominica en cuyo patio principal se conserva aún la biblioteca de estudio de estos religiosos creada en 1753. Con más de 100.000 volúmenes, es una muestra de un excelente criterio de conservación y de museografía. Se encuentran aquí también los Museo de Artes Decorativas y Museo Histórico Dominico. Los patios del Naranjo y del Noviciado, son hoy la sede del Centro Nacional de Conservación y Restauración, y la Subdirección Nacional de Museos, manteniendo el espíritu de estudio y de preservación de la cultura.
LOS CLAUSTROS DE AYER Y HOY
Otro edificio religioso que llama la atención es el conocido como “Claustro del 900”, por ser construido después de la Colonia, en el siglo XIX. Este gran convento de doce patios, fue financiado por el mismo Estado, el que preocupado por la educación femenina, le encomendó a las recién llegadas religiosas del Sagrado Corazón, la formación de profesoras. Hasta ese entonces la mujer se había educado en su casa, aprendiendo principalmente labores domésticas. Sin embargo, la influencia europea y la apertura de escuelas protestantes para mujeres llevaron a la urgente misión de formar profesoras para las nuevas alumnas.
Así, en la calle donde se encontraban antiguamente los talleres de los jesuitas, hoy Avenida Portugal, tuvo su sede por 30 años la primera Escuela Normal de Preceptoras, dirigida inicialmente por las religiosas del Sagrado Corazón que tenían ahí su colegio. Estas religiosas durante 118 años educaron a muchas mujeres, entre las que sobresale Santa Teresa de los Andes. Hoy este espacio, reducido a dos claustros, es la sede de la Facultad de Arquitectura y Construcción Civil de la Universidad Mayor.
Pero hay otras construcciones religiosas que ya no podemos conocer; este es el caso del templo mayor y convento de la Compañía de Jesús, que se ubicaba en el corazón de Santiago, en la intersección de la calle que lleva su nombre y la calle Bandera. Ambos dejaron de existir después de que la iglesia sucumbiera bajo las llamas en el terrible incendio del 8 de diciembre de 1863, mientras se celebraba fiesta de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.
Esta iglesia había sido levantada a mediados del siglo XVII y era la tercera edificación construida en el mismo lugar, después de que las dos anteriores se derrumbaran en los fuertes terremotos de los primeros siglos de nuestra historia colonial. Compuesta por tres naves, medía 90 metros y estaba iluminada con más de 3.000 velas y lámparas de aceite, lo que hizo que en menos de 15 minutos fuera consumida por el fuego. El siniestro cobró un saldo de 2.000 víctimas, impactando a los vecinos de Santiago; casi todas las familias, de todos los sectores sociales, contaban con una víctima. Este hecho impulsó la creación de la Primera Compañía de Bomberos. En 1870 se construyó, en otra ubicación, la Basílica del Salvador, en reemplazo de la iglesia incendiada.
POR CAROLINA COX MUJICA - CNCR




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