Patrimonio

La casa del eterno 18

Fecha: 14-09-2010

Si usted pensaba que la cueca se bailaba sólo en septiembre, que las banderas chilenas flameaban sólo este mes, o que los adornos tricolores se apreciaban en Fiestas Patrias... Bueno, usted está muy equivocado.

En Santiago existen lugares para bailar cueca todo el año. Pero hay uno emblemático, uno donde sus anfitriones son verdaderos exponentes de nuestra música y tradiciones. Es la "Casa de la Cueca" de María Ester Zamora y Pepe Fuentes.

El lugar es prácticamente un museo de la cueca. Fotos de personajes famosos de todas layas - desde Enrique Maluenda a Pina Bausch- adornan las paredes; acompañadas por letreros alusivos a la música, la cueca, el vino y la chilenidad.

La cueca es una sola

Éste es un espacio de encuentro entre generaciones interesadas por rescatar y difundir lo propio. Como explica María Ester: "Nosotros somos Chile todos los días del año, no sólo cantando y bailando, sino enseñando nuestras tradiciones y el respeto por los mayores".

Aquí se realizan talleres para aprender a tocar, cantar y bailar cueca. "La cueca no tiene nombre, es una sola, nuestro baile nacional. Hay distintos estilos pero es lo mismo. La cueca hay que bailarla con respeto, dignidad y la bandera bien en alto. Báilala como quieras, porque la cueca tiene vida, pasión y sentimiento. Puedes innovar, pero no desvirtuar", afirma María Ester.

Crecer y morir cuequeando

Para entender más a esta casa es necesario contar de sus anfitriones. María Ester es hija de Segundo Zamora, conocido folclorista y autor de emblemáticas cuecas como "Adiós Santiago querido" o "Mandame quitar la vida". María Ester canta desde que tiene uso de razón. A los 12 años ya cantaba de forma profesional en el Conjunto del Guatón Zamora, y de ahí que no ha parado más.

Conoció a Pepe Fuentes cuando era pequeña y se enamoró de él. Pepe, músico nato, proveniente de familia de canto, guitarra y arpa, era apreciado por Segundo Zamora gracias a su talento y personalidad.

Sus 16 años de diferencia no les impidieron tener un romance. Sólo los separó la partida de Pepe a Mendoza, en 1960. La música y el destino llevaron a Pepe por Buenos Aires, Europa, incluso Emiratos Árabes. 23 años más tarde regresó… y se reencontraron como si el tiempo no hubiera pasado.

Aprendizaje sin fin

Dicen que fue uno de los matrimonios a la chilena más lindos. Desde ese día esta pareja no ha dejado de difundir nuestras costumbres, arrendaban lugares y ofrecían almuerzos tradicionales "para que la cueca nunca muriera". Hoy mantienen ese espíritu y abrieron su casa para que jóvenes (y no tanto) aprendieran y disfrutaran nuestro folclor.

Grandes amigos del músico Álvaro Henríquez, son infaltables en cada versión de la Yein Fonda. Impresiona la cantidad de jóvenes que los rodean, son los maestros, los amigos. Y entre vinos y perniles, escucharlos es un verdadero lujo.

Por S.K