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viernes 28 de abril 2017

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Biblioteca Nacional, más que depósitos de libros

Biblioteca Nacional, más que depósitos de libros

Su solemne fachada de columnas jónicas, invita a la preservación de la cultura, prestando a toda la sociedad un espacio digno para el desarrollo intelectual

 

 

En el marco de la celebración del Centenario, la ciudad de Santiago experimentó diversas trasformaciones, levantándose grandes edificios que fomentaron las artes y la cultura. La Biblioteca Nacional fue uno de éstos, que a los pies del Santa Lucia, en el lugar que había ocupado el Convento de las Clarisas; y a orillas de la Alameda, extendió la monumentalidad de esta gran avenida, arteria principal de Santiago durante el siglo XIX.

La Biblioteca Nacional existió en Chile desde la Independencia, funcionando en diversos edificios que se hicieron insuficientes para albergar la creciente colección, alimentada constantemente por generosas donaciones, como las que habían hecho Andrés Bello y los Jesuitas.

En 1913, después de un concurso donde destacados arquitectos, como Emilio Jecquier autor del Palacio del Bellas Artes y Emilio Doyere, del Palacio de los Tribunales de Justicia, presentaron sus proyectos; se inició la construcción, bajo la dirección de Gustavo García del Postigo.

La fuerte influencia del academismo francés, llevó a este arquitecto chileno a resaltar la cúpula, proponiendo una planta de cruz de malta. Esto permitía distribuir el edificio en diversas secciones, que serían utilizadas por la Biblioteca, el Archivo Nacional y el Museo Histórico. Sin embargo, la construcción demoró 50 años, sufriendo diversas modificaciones en su trayecto. En 1963, cuando el edificio estuvo oficialmente terminado, sólo se había concretado una de las cuatro partes de la cruz diseñada.

Hoy, atravesando las puertas de la biblioteca, nos encontramos con un espacio agradable que invita a ser recorrido mientras se pueden observar diversas exposiciones. En el centro, llama la atención el moderno Salón Bicentenario, donde todos los usuarios de la biblioteca pueden acceder a 30 minutos gratis de conexión a Internet.

SECCIONES

En tres pisos de lujosas salas, se distribuyen colecciones como la Sección Chilena, las revistas de la Hemeroteca, o los diarios de la sala Fray Camilo Henríquez, donde se conservan todos los periódicos editados en Chile a partir de 1813. Pero la más valiosa y bella es la Sala Medina. En ella, los muros están rodeados de estanterías de finas maderas, que albergan la colección personal de José Toribio Medina, gran intelectual que en 1925 donó 22.000 títulos, manuscritos y mapas. Los muros y techos, tanto de esta sala como de gran parte de la biblioteca, están adornados con oleos de diversos artistas nacionales, de los que sobresalen Camilo Mori, Alfredo Helsby y Arturo Gordon.

La Biblioteca Nacional depende de la DIBAM, institución que se encarga de recopilar, preservar y difundir el patrimonio cultural, y que tiene su sede principal en este edificio.  

ARCHIVO NACIONAL

¿Qué pasará con todos los documentos que genera la administración del Estado y los departamentos que dependen de ella?

La estación terminal de muchos de ellos es aquí, en el Archivo Nacional. Esta institución, que funciona en el edificio contiguo a la biblioteca, con entrada principal por la calle Miraflores; es la encargada de preservar, ordenar y conservar todos los documentos emitidos desde la Colonia por la administración del Estado, que tengan más de 5 años de antigüedad, las actas municipales con más de 70 años de antigüedad y los archivos notariales o judiciales con más de 80 años de antigüedad.

Así, estos documentos son organizados en diversos depósitos, para que puedan ser consultados por quien quiera acceder a esa información. El Archivo Nacional también cuenta con una amplia sala de exposiciones, que hacen de este espacio un lugar ameno para la promoción de la cultura.

POR CAROLINA COX MUJICA / CENTRO NACIONAL DE CONSERVACIÓN Y RESTAURACIÓN